lunes, 31 de marzo de 2008

Identidad profética del catequista

¿POR QUÉ ESTOY HOY AQUÍ?

"Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio" (Mc 16, 9-15)

Jesús, que había resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos al oír que estaba vivo y que ella lo había visto, no le creyeron. Después se apareció con aspecto diferente a dos de ellos que iban caminando hacia el campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron. Por último se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les hecho en cara su incredulidad y dureza de corazón, por que no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: "Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación"

VEO QUE ERES PROFETA

Identidad profética del Catequista

  • El mensaje recibido es tan fuerte que el profeta no lo puede callar: “Ruge el león: ¿Quién no temerá? Habla el Señor: ¿Quién no profetizará?” (Am 3,8).
  • Cuando llega el mensaje del Señor, el profeta no tiene otra alternativa que colocarse a su servicio, aún cuando experimente sus limitaciones personales.
  • El señor no desconoce estas limitaciones.
  • Así como la vocación del profeta tiene su origen en la llamada de Dios, también el catequista sabe que su vocación se origina en el hecho de ser llamado entre muchos cristianos.
  • Las mediaciones utilizadas por Dios para llamar a cada uno son tan distintas como diferente es un catequista de otro.
  • Lo importante es tomar conciencia de que la iniciativa viene siempre de Dios.
  • Se puede asegurar que el momento de la llamada constituye una experiencia vital, pues en ella misma tiene origen la misión encomendada por Dios a quien ha elegido.
  • Desde ese momento el catequista como profeta se pone al servicio de la Palabra y lo que ha de comunicar son las mismas palabras de Dios.
  • El mensaje de salvación es puesto por Dios en su corazón y en sus labios.
  • El catequista recibe de Dios las gracias especiales para comunicar el mensaje, pues servir a la Palabra implica una responsabilidad tan grande que lo obliga a adquirir la conciencia de que la palabra tiene fuerza transformadora capaz de producir los frutos de la salvación.
  • Ser gente normal, no personas extraordinarias, ni con grandes dotes, son ante todo creyentes.
S.S. Benedicto XVI
  • …”En las Comunidades eclesiales de América Latina es notable la madurez en la fe de muchos laicos y laicas activos y entregados al Señor, junto con la presencia d abnegados catequistas, de tantos jóvenes, de nuevos movimientos eclesiales y de residentes de Institutos de vida consagrada. Se demuestran fundamentales muchas obras católicas educativas, asistenciales y hospitalarias. Se percibe, sin embargo, un cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de la propia pertenencia a la Iglesia católica debido al secularismo, el hedonismo, al indeferentismo y al proselitismo de numerosas sectas, de religiones animistas y de nuevas expresiones seudoreligiosas.”
  • …” La Iglesia tienen la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios, y recordar también a los fieles de este continente que, en virtud de su bautismo, están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo. Esto conlleva seguirlo, vivir en intimidad con Él, imitar su ejemplo y dar testimonio. Todo bautizado recibe de Cristo, como los Apóstoles, el mandato de la misión: “Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará” (Mc 16, 15). Pues ser discípulos y misioneros de Jesucristo y buscar la vida “en Él” supone estar profundamente enraizados en Él.


¿Quién es el Catequista?

  • EL PROFETA
Ser gente normal, no personas extraordinarias, ni con grandes dotes, son ante todo creyentes.
Estilo de vida
Oración
Apostolado
Es importante tener presente que la profesía, en sentido bíblico, no significa predecir el futuro, sino que explicar la voluntad de Dios para el momento presente y así ver el camino recto hacia el futuro.

  • MAESTRO
El catequista como maestro realiza una función de mediación. Es el mediador que facilita tanto la comunicación entre Dios y los catequizandos y la interlocución entre la comunidad y sus miembros; como también el diálogo entre aquellos que constituyen el grupo de catequistas.

  • EDUCADOR
El catequista como educador ayuda a las personas en su proceso de crecimiento
  • TESTIGO
Maestro
El catequista como maestro realiza una función de mediación. Esto es muy importante tenerlo claro en el ejercicio del ministerio.
El catequista es el mediador que facilita la comunicación entre Dios y los catequizandos y la interlocución entre la comunidad y sus miembros, como también entre aquellos que constituyen el grupo de catequistas.
La relación personal del catequista con el catequizando se debe caracterizar por el ardor educativo, la creatividad y la adaptación; respeto a la libertad y a la madurez de cada persona.

Educador
El catequista como educador ayuda a las personas en su proceso de crecimiento y desarrollo de la propia personalidad cristiana.
Educar para el catequista es una tarea que involucra toda su persona y su personalidad. Le exige un desarrollo activo y consciente de su propia identidad cristiana. La fe, la esperanza, la caridad, la santidad, la paciencia, la alegría, la oración, el entusiasmo, la critica, la responsabilidad, la fidelidad, la constancia, son notas que no pueden faltar en la sinfonía del catequista educador.

Testigo
El catequista es un testigo calificado de Cristo y del misterio de la salvación.
Testimonio de su contacto personal con el Señor.
“Lo que hemos oído, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la palabra de la vida – pues la vida se manifestó y nosotros la hemos visto y damos testimonio, y les anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó-, lo que hemos visto y oído, eso les anunciamos” (Jn 1, 2-3)
Dar testimonio de Jesucristo vivo, obliga al catequista a correr los mismos riesgos asumidos por Él.


Jorge Aguilera Flores, Catequista de Confirmación.